5/24/2017

El que quiera realmente escribir jamás va a reservarse nada, no va a limitar su vocabulario solo para estar acorde a la corrección política; no va a encontrar otro límite moral que su propio imaginación; el que quiera escribir, escribir de verdad, siempre va a estar dispuesto a "quemarse".

5/23/2017

Un dialogo sobre el atentado

El director comentó en la mañana acerca de la explosión ocurrida después del concierto de Ariana Grande en Manchester. Unos alumnos a su lado le escuchaban, con cierto ánimo de discusión. Les señalaba que más allá del lamentable atentado en si mismo, no debían olvidar que no se trataba de hechos aislados, sino que de una cadena de sucesos que se podían interpretar desde una mirada política e histórica, algo así como un efecto dominó, consecuencias más o menos explícitas de una serie de rencillas transversales, incluso también no oficialmente declaradas. Esos mismos alumnos luego, en la clase de narrativa, sacaron de nuevo a relucir el tema. Discutían el por qué sucedía ese atentado en Manchester, y por qué tenía que ser en ese concierto de pop. Además otro cabro sacó a colación el hecho de que el Estado Islámico se haya adjudicado el ataque. Estaba seguro que tenía relación con las elecciones generales del Reino Unido. Su compañero a su lado le decía, en cambio, que tenía mayor relación con la masacre en Medio Oriente, con Estados Unidos y la batalla ideológica contra Occidente. Una chica, que era de las que simpatizaba con Ariana Grande, decía, por su parte, que todo lo que habían dicho podía relacionarse y coexistir perfectamente, incluso habiendo gato encerrado. Al único acuerdo que llegaron fue que el atentado era el síntoma de un conflicto de mayores proporciones. Una suerte de "guerra secreta". -El punto es que está quedando la cagá en el mundo-, concluía el alumno de la segunda tesis, decidido, impulsivo. Las causas y los agentes permanecían ocultos a la luz pública, y a su capacidad de análisis. Lo verdaderamente inexorable para el curso era la discordia, la incertidumbre negativa que producía la violencia y la muerte. La capacidad de encumbrar la palabra quedaba suspendida. Frente a ese escenario, al curso no le quedaba otra cosa que pensar, y repensar, muy a pesar suyo y de su sentido de la iconoclasia, el mundo en el que viven.

-Pero qué tiene que ver todo esto que estamos hablando con la materia de narrativa-, preguntaba otro alumno al fondo de la sala, callado, observando la discusión abierta. -Tiene todo que ver- le replicaba un compañero próximo, mientras el curso continuaba hablando acaloradamente. A raíz de su afirmación, saqué como ejemplo el hecho de que el atentado podía relacionarse directamente con la escritura de Sumisión de Houellebecq, y con los Versos satánicos de Salman Rushdie, en el sentido de que ambos escritores fueron condenados por hablar, de una u otra forma, sobre la contingencia mundial. Le repetía al curso, de ese modo, que "leyeran entre líneas", tratando de anclar aquel improvisado dialogo de contingencia con el contenido del ramo. La chica fanática de Ariana Grande sugería que, aprovechando las circunstancias, se abriese mejor un ramo exclusivo para hablar de estos temas. Algo así como un ramo dedicado a la actualidad. Sus compañeros apoyaban la idea, algunos mofándose, otros apañándola. Claro está que también acabé defendiéndola, solo acotando que estas discusiones no necesariamente debían encuadrarse en un ramo, sino que debían hacerse también afuera del sistema escolar, donde de verdad "las papas queman". No pescando mucho esa última intervención, pero intuyendo que apoyaba sus decisiones, los cabros entonces plantearon, a toda costa, la moción de abrir un ramo de actualidad, incluso si eso significaba replantear el curriculum del instituto. Todavía no sé si lo decían en serio o solo movidos por la euforia rebelde del momento. Un ramo para "arreglar el mundo" al menos de forma discursiva. Una clase dedicada a los que no cuentan con otra arma que el lenguaje. Porque en eso reside la literatura, después de todo: en discursear la realidad, aunque fuese solo al final de una conversación de pasillo; en resistir el terrible sinsentido de todo con un amasijo de palabras y de ficciones, aunque estas no alcancen ni a cruzar el otro lado de la calle.

5/22/2017

Sonando en la radio, un sujeto hablaba con la locutora acerca de la importancia de hacerse preguntas en la vida, inclusive más que la necesidad de generar respuestas, producto de una sociedad más interesada por el resultado que por el fundamento, y toda esa cantidad variopinta de argumentos contra la concepción del sistema neoliberal. El sujeto, luego de dar sus razones, se definió ante la pregunta de la locutora como un verdadero "coaching existencialista". Decía que al partir desde el fundamento de la pregunta, y citando a una serie de autores clásicos de los cuales ya no recuerdo ninguno, se diferenciaba de aquellos que practicaban solamente una suerte de "coaching asistencialista". Entendí a lo que quería llegar: a la importancia nuclear de la pregunta no solo para lo que él llamaba su disciplina sino que para la filosofía misma. Sin embargo, lo que me hacía más ruido era su enrevesada auto denominación. "Coaching existencialista". ¿A qué venía ese anglicismo para referirse a una cuestión eminentemente práctica? Y todavía relacionado de forma antojadiza con el existencialismo, algo así como una mezcla de Sartre, de filosofía griega y de autoayuda aplicada al emprendimiento profesional.¿Por qué ese afán de colocarse nombres rimbombantes? ¿Status? ¿Ideología? ¿O simple y dura vanidad velada bajo la forma de la hiper especialización?

Happn

Existe una aplicación llamada Happn. Según dicen es la "vanguardia de las aplicaciones para ligar". Su principal característica consiste en propiciar el encuentro con quien te has cruzado en la calle. Cuenta con un localizador integrado al GPS del celular, de forma que a través de la aplicación va mapeando a todos los otros usuarios próximos. Si uno ve a un usuario con el cual tuvo un encuentro cercano, se le da un corazón, y si el otro también lo hace, la aplicación te notificará que tuvieron un "crush", y así se podrá comenzar a conversar por el chat interno. La aplicación vendría siendo, de ese modo, como un Tinder solo que con la particularidad de usarse de forma ambulante. Algo así como un Tinder para "flaneurs". La explicación que le dan al Happn para diferenciarlo de las otras aplicaciones, es que apunta hacia la recuperación de las "conexiones fortuitas" que se dan a diario entre las personas, y que muchas veces se quedan en eso y se pierden para siempre. La idea respecto al ligue que buscan proyectar en la aplicación es la de propiciar la coincidencia. En términos populares, buscar a toda costa provocar el llamado "flechazo".

Leí sobre la aplicación y lo asocié con lo que decía Bauman respecto al amor líquido. La fragilidad de los vínculos casi como la norma dentro de la sociedad posmoderna. Aquí, sin embargo, vemos que Happn opera de tal forma que el seguimiento en línea trata de forzar una coincidencia y darle una posible proyección más allá de su fugacidad. Pero como pueden ver, lo que hace Happn, y todas las otras aplicaciones, no es concretar de inmediato una relación, sino que posibilitar un remoto encuentro, abrir el nexo a una latente comunicación mediante la manipulación del espacio-tiempo reales. Hay más allá del optimismo publicitario de estas nuevas "aplicaciones del amor" una verdad solapada, de hecho, un mensaje velado que pareciera propagarse en el momento de su uso. El hecho de que aun con la ayuda de un mecanismo externo, los encuentros llevan implícito siempre su margen de error, merced a los vaivenes del lenguaje y la comunicación entre los implicados. El think tank del negocio sentimental te ofrece un producto que en el fondo no garantiza ningún resultado, sino que solo prepara las condiciones para lograrlo. Saben que algo tan inquietante e irreductible como el concepto de vínculo -más allá del encuentro sexual efímero- no puede ser medido, solo pronosticado de forma aproximativa. Tal como el meteorólogo tratando de medir la intensidad probable de un movimiento telúrico y sus consecuencias sobre la sociedad, asimismo, una aplicación no podrá medir ni anticipar a ciencia cierta las consecuencias reales del posible choque emocional entre dos implicados. Ni tampoco su inexistencia o eventual fracaso. Ese margen de improbabilidad permite que el encuentro, después de todo, sea real, incierto hasta el punto del absurdo, pero, por eso mismo, auténtico. La belleza del encuentro residirá precisamente en su falta de garantías, en su exceso de promesa. El que busque ahí una satisfacción permanente, una idealización prematura, al punto de la desesperación, chocará solo consigo mismo.
Twin Peaks 2017: Casi todo el elenco de vuelta, 25 años después, como la propia Laura Palmer predijo en la habitación roja. Menos Michael J. Anderson y Frank Silva. Entonces, la primera pregunta es ¿quiénes de los nuevos estarán a la altura para interpretar al Hombre del otro lugar y al asesino Bob? Habría que ser verdaderamente cabrón para volver a encarnar al mal con la maestría de antaño.